MIENTRAS NADA
LLEGA
por Elvira Rodríguez Puerto
UN PEDACITO DE SUEÑO, por Elvira Rodriguez Puerto
Sonntag, 6. April 2008
Mi Blog, el Blog de todos ustedes. Hace mucho tiempo quiero escribir en un sitio para todos. El entusiasmo me ha llegado muy tarde, pero es importante de todas maneras "llegar". En una ocasión en Cuba, una escritora argentina me dijo que tenía que aproximarme más a los grandes. No le hice caso a su referente de
"los grandes" sino al mío propio como siempre. De esta manera me siento satisfecha de llegar a ustedes.
Mientras, (así me despido en mis emails)
Un beso,
Elvira
UN PEDACITO DE SUEÑO
Mi hija golpea en la puerta. Nos grita desesperadamente. Siento que huye y busca refugio. Pero ¿de qué? ¿de quién? Nos tiramos de la cama y abrimos corriendo. Son las 4 de la mañana de nuevo. Se abalanza sobre mí y nos abrazamos. Suda hasta más no poder y no puede hablar. Levanto su cara con suavidad y la miro a los ojos. Llora y tiembla. –¿Qué pasa Violet? ¿Pasa algo? ¿Tus hermanas? ¿Pasa algo con tus hermanas?- Violet asienta que no y todavía sigue sin hablar. Violet tiene 21 años. Justo la misma edad que tenía yo cuando quedé embarazada de su padre. Ahora vive conmigo. En Alemania. La seguimos abrazando. Mario me la quita de encima y la lleva a la cocina. Empiezo a llorar también. Tres años separadas. Recuerdo. Su padre era General de Fragata de la Marina de Guerra Revolucionaria. Siempre recuerdo. Era Ingeniero en Fortificaciones. Tiemblo pensando las cosas que me va a decir. Hizo fortificaciones en Angola. Me uno a ellos en la cocina. Violet nunca tuvo contacto con él. Creo que sé lo que me va a decir. Yo le pedía que lo quisiera siempre, que no lo dejara abandonado. Mario la abraza, corre la silla, y logra que Violet se siente. A los tres años le regaló un muñequito que tronaba las panderetas. Le da un vasito de agua, le da su mano a Violet para que la apriete fuertemente si lo desea. Ella quería quedarse con él todos los fines de semana y no regresar conmigo. Violet se ahoga en el llanto. Sé que tiene el mismo dolor que yo. Pero no lo replica tanto. Yo trabajaba en la Fiscalía General de la República. Me dan ambos sus manos y nos apretamos fuerte. Atendía yo los expedientes de niños perdidos y regalados, los violados, los asesinados por sus padres o padrastros. Hacemos un círculo de manos alrededor de la mesa. Los tres tomados de las manos. A María le habían llevado su séptima hija. Nos transfundimos desde el nacer hasta este momento. El padre de la séptima hija la llevó a un pueblo muy lejos y a pregón la regaló. Estuve en el limbo durante siete meses. Mario, Violet y yo recibimos todos los cambios introducidos voluntaria o involuntariamente a través de nuestras manos. Siete meses que no dejé a mi hija ver a su padre por culpa de mis expedientes. Aquí sentimos las oportunidades mejoradas, las oportunidades perdidas, los valores sentimentales, los vocacionales, todos los registros palpables. Regalaron aquella niña a un matrimonio militar. Las veces del amor, las despedidas. Tenía unos pocos años cuando la regalaron. La descendencia. El padre de Violet nos quería ver y yo huía. A Mario se le aguan pero se le aguan los ojos. Huía de aquél sonido horrible de los panderetas, los uniformes, los discursos iguales. Mario es de Madriz. Es muy difícil verlo con los ojos aguaos fuera del mar. Queremos salvarnos, también estando aquí, afuera. Encontramos aquella niña a los catorce años. Mario tiene los ojos muy pequeños pero ahora lucen más pequeños. La hija no quería regresar con su madre, con María. Hablaba y pensaba distinto. Beso a Mario y beso a Violet. Un día besé al padre de Violet con mucho amor. Se lo cuento. Nos tocan los agotamientos, la familia, nuestros impedimentos, el origen de las propias limitaciones. Nos abrazó él con el mismo temblor que Violet al entrar. El tomarnos las manos nos calma un poco aunque veo a Violet preocupada. Su padre nos abría el corazón - el camino de ella era el de ella misma-. Que no le importaría los tiempos de la puñetera desunión- nos dijo. Yo vivía sola entonces. Mami había muerto. Violet intenta respirar casi sin poder. Mami murió con la sonrisa de lado a lado y con el cuerpo tendido en el baño de lado a lado. Había perdido a mi hermano, a mi papá, a su papá. Violet tiene los mismos sueños “bonitos” que todos los cubanos teníamos en nuestra niñez. Mami prefería que me quedara a su lado esperando la 227, en la misma parada de Empedrado, o nadando en la Concha.
Conocer el mundo que nos enseñaban en los libros era el mejor de los sueños. Mami y yo competíamos para llegar al cayito en la Concha. El libro cambiaba pero no nos preocupabámos. Violet jugaba con los cangrejos. Los ayudaba a salir de sus cuevas. Como mismo actúo yo con los míos. Dormía en mi buró, en la Fiscalía. El aire acondicionado a tó meter. Yo tenía que terminar unos cuantos expedientes mientras Violet dormía y yo la tapaba. Diez de la noche. Violet enfermaba del aire acondicionado. Su papá me empezaba a perseguir ¡Romper el amor! Se escondía tras las columnas de la Fiscalía olfateando mis traiciones. Mi vida eran Violet y los otros niños, los que intentaba encontrar para devolver a sus madres, que las quisieran de nuevo. No lo traicioné con René, en los mediodías. Ni en la misma mesa donde dormía Violet. Se lo dije y no me creyó. Violet se pone a garabatear la mesa de comer. Lo traicioné políticamente, -gritaba como grita un dirigente, con las venas a punto de reventar-. A Violet le quedan algunos gemidos. ¿Lo soltará todo? Si no me perseguía él, me perseguirían sus compañeros de la Marina. –¿Ella o el Partido?-. A mí me comienza la picazón en el pecho mientras recuerdo. Me botó el padre y me botaron de la fiscalía. Cuando escucho y siento y miro a Violet, escucho a mi abuela y a mis padres, a mis vecinos, a los amigos y también a su padre. ¿En dónde está mi Fidelina? Le puse Violet. Nació el mismo día de Fidel. La gente ponía nombres muy feos: Fidelia, Fidelfina, Fidalgia, Fideleona. Fidelgracia. Se me aprieta cada vez más el pecho recordando. Pienso: Violet pudo conocer este mundo con juventud, ir y regresar y escoger, pero la abuela no, ni su padre tampoco, ni ningún personaje de este relato. Fidel me tocó tres veces el hombro. Abuela solo viajó de una casa en el pasillo a otra casa en el pasillo, soñando con Madagascar, la que no vió, la que le conté y se aprendió de memoria. Mario me mira con intención, pero no ve el dolor de mi pecho, que me abarca el hombro, solo ve el garabato de Violet. Abuela no tenía ni sueños bonitos ni pensaba en la muerte, no tenía ni tan siquiera tiempo. Violet termina su garabato, su gemido, sus manos frías. ¡El tiempo! Abuela se trasladaba de la máquina de coser a la cocina, al baño, al portal, al periódico coloráo, sonreía enamorada de la foto de Fidel. Ni tan siquiera conoció los mundos que leía. La hija de María intenta acercarse a la madre porque el Tribunal Supremo lo dictó. El padre de Violet se perdió por años, igual que el padre de María que la regaló en un pregón. Violet mira el garabato con nosotros. Mami y abuela murieron felices. No sé por qué. Violet ha garabateado su casa, en Cuba, las calles que más conocía no lo eran más. La pared del cuarto tumbada de una patá. Mami y abuela estaban muy frías. Las toqué y me caí al instante. Violet describe niños uniformados parecidos a su padre. No volveré a tocar la piel fría de un muerto mío. A Violet no la dejan entrar a ningún sitio. Lo escribí y lo publiqué. A Violet la tiran contra la acera. Sus garabatos ¿Seguiremos viajando en el recuerdo? Sus garabatos ¿Dejaremos de mentarla?
Me sujeto del medio del mar. El hombre que se me acerca a distancias con el bote y la propela famosa me deja sola. Pero no es Mario. Él sabe cómo son la gente allá y cómo se vuelve la gente aquí. Mi cuerpo sigue en el medio del mar batallando con todo ese mar que el tipo me lanza desde cualquier sitio. Violet lo colorea y tacha al tipo con la propela y me sitúa justo a su lado. Los pies sobre el mar.
Empiezan los pájaros negros a chillar ahora mismo. La mañana. El repicar de campanas de todas las ciudades.
Mario y yo estamos a punto de casarnos ¿Repicarán… la luz?
Mientras,
un beso
Elvira
Munich, Domingo de Pascua, Casa
«Éste es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada».
foto: Dayana Benítez Rodríguez
Javi y yo, fiesta de los años 70, Casa de Brito y Ute, Munich, 2007
