MIENTRAS NADA

LLEGA

por Elvira Rodríguez Puerto

 

EL TROFEO DE PLATA, por Elvira Rodríguez Puerto

Freitag, 3. April 2009

 

Mi Blog, el Blog de todos ustedes. Hace mucho tiempo quiero escribir en un sitio para todos. El entusiasmo me ha llegado muy tarde, pero es importante de todas maneras "llegar". En una ocasión en Cuba, una escritora argentina me dijo que tenía que aproximarme más a los grandes. No le hice caso a su referente de

"los grandes" sino al mío propio como siempre. De esta manera me siento satisfecha de llegar a ustedes.


Mientras, (así me despido en mis emails)


Un beso,

Elvira

Como ven, la del medio soy yo. Dicen que no he cambiado nada y aquí tenía 12 años. La del lado derecho era mi prima Virginia, y la del lado izquierdo Barbarita. Éramos las tres campionas de gimnasia rítmica moderna en Cuba. Luego, nuestros padres nos engordaron con las jabas de comida que nos llevaban a la escuela al campo. Desde entonces se acabó el deporte. Por aquél tiempo estaban los rusos y no recuerdo que yo conociera por aquella época a ningún otro extranjero.


Los lazitos en la cabeza eran rusos, las zapatillas rusas, los leotares rusos, y el olor, también ruso. He enviado a la Habana a todos mis amigos esta foto. Yo sé que no van a encontrar ni a Barbarita ni a Virginia pero la foto que necesito que encuentren ojalá que sí.  Es una foto más peculiar. Cuando ganábamos siempre nos regalaban medallas y caramelos. Algunas veces lazos. Cada vez que veo Cubavisión Internacional en casa, me río mucho, porque siguen dando diplomas para cualquier cosa. A mí, un día me entró una alergia muy grande y boté todas las medallas, los diplomas, pero el trofeo no. A mamá le gustaba cambiarlo de un lugar a otro, y si lo podía poner cerca de la puerta de entrada y limpiarlo y limpiarlo y sacarle todo el brillo, se sentía mamá orgullosa. Pero mamá no se daba cuenta que el trofeo, como era una copita, y de plata, la gente lo cogía de cenicero y a mi me tocaba cambiarlo de lugar, así hasta que llegó el día. Nos tocó competir con las rusas. En la Ciudad Deportiva. Estaba estirándome yo las medias con el culo empináo, y una de las rusas empezó a chillar y yo a taparme los oídos hasta que me tocaron el hombro.

-Señorita, a ver, que aquí estoy yo para que ustedes no queden mal- Tienen que ganar porque aquí nadie puede decir que nuestro honor... que nuestra honra... las cubanas tienen que ganar y así mantenemos las mejores relaciones con la Unión Soviética–. No me quitó la mano del hombro. Pesaba. Yo me había subido despacitamente sobre el banquillo para crecer. Y claro... ganamos.


El trofeo lo tiré en su día. Le dije a mamá que no era de plata, ni tan siquiera de bronce. Se oxidó. Vivíamos cerca del mar. Pero todavía estoy buscando esa foto que salió en la revista Bohemia. Del lado izquierdo de  Fidel Castro estábamos, la otra cubana y yo, y del lado derecho, las rusas. Con lazos.  Ahora busco esta foto para mi novela, porque al Comandante, en aquél tiempo, (claro) todos los niños lo querían.

              

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Mientras,



un beso


Elvira


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